Durante el mes de febrero se han realizado diversas actividades con relación a esta festividad tan esperada. Hoy se culmina realizando una misa que desde temprano nutre los corazones de cada una de las personas allí presente: una de las alumnas motiva enérgicamente con la introducción que hace sentir la presencia del Espíritu Santo en medio de todos, con las siguientes palabras deja bien en claro a que íbamos todos los allí presente.
¡Que viva Jesús, para siempre en nuestros Corazones!
Hoy nos congregamos junto al altar de Dios para celebrar la gloriosa muerte del Beato Sancha, que, a sus 110 años de haber partido a la casa del padre, su vida sigue siendo un libro abierto con capítulos que nos inspiran abrazar los caminos de Dios con responsabilidad y entusiasmo, pues solo un alma enamorada plenamente de Dios puede brindar a la humanidad un olor a santidad con su ser y hacer; y esto fue lo que proyecto la vida del Beato Sancha, el cual nació en Quintana del Pidió, Burgos (España) el 18 de junio de 1833 en una familia cristiana. Al cumplir sus 10 años quedo huérfano de madre, fue ordenado sacerdote a los 24 años de edad.
En 1862 llegó a Cuba donde fue un gran misionero. Allí movido por su ardiente caridad, sobre todo hacia los más pobres, fundó con cuatro jóvenes cubanas el 5 de agosto de 1869, la Congregación Hermanas de los Pobres y Niños Pobres, hoy conocidas como: Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha (Sanchinas).
Al cumplir 51 años de sacerdote sirviendo incondicionalmente a la Iglesia y a los pobres a los 76 años fue llamado a la casa del padre el 25 de febrero de 1909. En su lápida reza lo siguiente: «Vivió pobre y pobrísimamente murió»